Hace ya algunos dias, cuando la noche llegaba casi a su más silenciosa profundidad, la necesidad de hablar contigo, de saber de ti se hizo mucho más fuerte que de costumbre, escalofríos invadieron mi cuerpo y mi corazón se aceleró, como el de un chiquillo asustado, nervioso a más no poder.. cogí el teléfono.. me disponía a marcar tu número, pero algo me detuvo.. tal vez el hecho de que ya era algo tarde (extraño mucho nuestras conversaciones nocturnas por el messenger) o tal vez (emulando al pulpo Paul) adivinando que no me contestarías, como no lo has hecho las útimas veces que he intentando comunicarme contigo.
Dicen que el orgullo puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo, no te llamé por que sabía que no contestarías pero no pude evitar el intentarlo (haz escuchado "Rosas" de la Oreja de Van Gogh?) por que tal vez, quien sabe... podrías contestarte.... pero no fue así... mi mensaje viajó hasta ti con la esperanza de no perderse en el mar de tu cobardía, esa cobardía que quieres enmascarar con indiferencia, esa indiferencia que me hace tanto daño, como nada ni nadie lo habia hecho en el mundo... que me produce tanto dolor como nunca antes lo había sentido.
Entonces, no puedo evitar preguntarme... seguirás pensando en mi en tus noches, como en algún momento se que lo hacías?, o es que tu afán por negarme tu corazón habrá logrado al fin su cometido al punto de hacerte creer que no me quieres?, me extrañas mi amada Marci?, aún sientes mis manos acariciar tu cabello antes de dormir? aún miras tu celular intentando encontrar nuestra historia de amor?.... yo si.
No, no fue tan efímera la historia
de nuestro amor: entre los folios tersos
del libro virginal de tu memoria,
como pétalo azul está la gloria
doliente, noble y casta de mis versos.
No puedes olvidarme: te condeno
a un recuerdo tenaz. Mi amor ha sido
lo más alto en tu vida, lo más bueno;
y sólo entre los légamos y el cieno
surge el pálido loto del olvido.
Me verás dondequiera: en el incierto
anochecer, en la alborada rubia,
y cuando hagas labor en el desierto
corredor, mientras tiemblan en tu huerto
los monótonos hilos de la lluvia.
¡Y habrás de recordar! Esa es la herencia
que te da mi dolor, que nada ensalma.
¡Seré cumbre de luz en tu existencia,
y un reproche inefable en tu conciencia
y una estela inmortal dentro de tu alma!
* Amado Nervo
martes, 13 de julio de 2010
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